Monólogo de la indiferencia

Si no me das tiempo, no puedo. No puedo hacer lo que hacen otros en años. Necesito una garantía de que vas a estar ahí, ni siquiera pretendo que te esfuerces. La que pondrá todo el empeño seré yo… que soy la que me he puesto la meta. Qué tontería suplicarte que me conozcas, ¿no? Si deberían ser mutuas las ganas, mutuo el acercamiento… A veces pienso que tengo los ojos vendados y los oídos sordos, a veces pienso que son tus ojos y tus oídos los que prefieren estar ausentes.

Y qué decir de tu sonrisa… surge y de repente la borras por obligación. Maldito orgullo, como si sentir fuese extraño para ti, como si tuvieras miedo a emocionarte. Dime qué piensas cuando canto en la ducha, dime qué piensas cuando se me derrama el café sobre las piernas o cuando me miro al espejo frunciendo mis cejas… Dime que significa para ti cuando encuentras mi mirada, cuando te beso los dedos o cuando susurro lo que quiero gritar.

El día que te entiendas, el día que aceptes que para que salga el sol tuvo que ser de noche antes, y que para tener hambre hay que dejar de comer… puedes llamarme. Seguramente no lo pueda coger, puede que esté lejos… intentando dejarme conocer.

 2010

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